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VÍDEO: ¿Qué efecto tiene en un alumno lo que opine su profesor de él?

Cuenta la leyenda que Pygmalion, rey de Chipre, no cesaba en el empeño de encontrar a la mujer perfecta con la que casarse. Tanto ansiaba que fuera perfecta, que ninguna de las mujeres que conocía le parecía lo suficientemente buena. En sú búsqueda encontró a Galatea, una escultura de mujer que consideraba perfecta. Obsesionado con al escultura, terminó enamorándose de ella, y deseaba día y noche que se convirtiera en una mujer de verdad. Su deseo le llevaba a soñar con que Galatea no estaba hecha de fría piedra sino que su piel era caliente y se ablandaba. Un día Afrodita se le apareció, y le concedió el deseo de convertirla en mujer.

Esta historia ha sido utilizada a lo largo de la historia tanto en pedagogía como en psicología para referirse al hecho de que cuando una persona tiene unas expectativas sobre otra, y estas expectativas se mantienen de manera consistente en el tiempo, terminan haciéndose realidad. Es lo que se llama Efecto Pygmalion o Teoría de la Profecía Autocumplida.

La Profecía Autocumplida en educación es uno de los elementos más relevantes en el estudio de la interacción profesor-alumno. Esta teoría explica cómo los alumnos pueden terminar teniendo los comportamientos que los profesores esperaban de ellos, aunque al principio su percepción no fuera del todo correcta, hasta el punto de que un profesor que piensa que un alumno “es vago”, puede llevar a un alumno a tener un comportamiento de bajo esfuerzo, ya que es lo que se espera de él.

En el siguiente vídeo, se explica cómo funciona el Efecto Pygmalion según los pasos explicados por Martinek en su Teoría de la Expectativa.

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http://www.youtube.com/watch?v=eNmJsrr80Po

Algunas de las estrategias que un profesor debe llevar a cabo para evitar el efecto perverso de esta teoría son:

  • Realizar un diagnóstico inicial riguroso: es importante recoger información sobre los intereses y necesidades de los alumnos, sobre sus fortalezas y sus capacidades, utilizando diferentes fuentes de información. Es interesante preguntar a profesores anteriores, a los alumnos, a sus familias y acompañar toda esa información con una buena observación del profesor.
  • Evitar el juicio: un profesor debe procurar no hacer juicios o valoraciones sobre un alumno, sino sobre su comportamiento. En este sentido, es importante evitar las palabras “siempre” (“Este alumno siempre está gritando”), “nunca” (“Nunca haces los deberes”), y el verbo “ser” (“Pedro es un vago”, “Ana es muy mentirosa”).
  • Comunica tus expectativas: este es un principio básico de todas las relaciones sociales, no hay mejor manera de que los demás hagan lo que esperas que diciéndoles qué esperas que hagan. Es importante que les digamos a los alumnos qué esperamos que hagan, y cuáles son las metas que nos fijamos para ellos. Y esto es especialmente relevante cuando somos capaces de comunicarlo a todos los alumnos, también a aquellos que pasan desapercibidos dentro del grupo.

Quedan muchas dudas por resolver: ¿Puede ser utilizada esta teoría de manera positiva? ¿Hasta qué punto puede un profesor dejar que un alumno se desarrolle libremente, sin que sus expectativas lo condicionen?

Seguro que a ti se te ocurren muchas más estrategias y preguntas que hacer. Comenta la entrada, y comparte en las redes sociales.

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