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¿Qué hace falta para que la revolución tecnológica vaya acompañada de la revolución pedagógica? (Comentario de un colega)

La siguiente entrada no está escrita por mí, es un comentario de Carlos de Aldama en el blog, que aparte de un buen amigo, realiza su labor profesional en la investigación sobre el uso de la tecnología en educación. Lo escribió como comentario al post “Pedagogía primero, después tecnología” pero es tan bueno, que le pedí permiso para publicarlo como un post con entidad propia. No tiene desperdicio.

Gracias Jose por este interesantísimo artículo. “Hoy la escuela enseña contenidos del siglo XIX, con profesores del siglo XX a alumnos del siglo XXI”, es una frase repetida a menudo (Monereo y Pozo, 2001). Sin entrar a valorar lo acertado o no de esta afirmación, lo cierto es que las TIC están revolucionando, nos guste o no, nuestra manera de ser y estar en el mundo. Están revolucionando la forma de relacionarnos con el conocimiento (ya no hay un conocimiento único e inmutable y las fuentes de información son múltiples y variadas), con los demás (cualquiera que tenga un Smartphone sabrá de lo que estoy hablando) e incluso con nosotros mismos (¿cuándo fue la última vez que pasaste una tarde tranquilamente leyendo una novela?).

En este nuevo escenario, como tú bien has señalado, de cambios frenéticos, donde los aprendices a menudo son más competentes técnicamente que sus propios maestros en el uso de estas, ya no tan nuevas, tecnologías, lo que se demanda son docentes estratégicos cuya práctica no sólo esté orientada por metas pragmáticas (éxito), sino sobre todo epistémicas (de conocimiento). ¿Qué implicaciones tiene para la práctica docente este tipo de metas? Fundamentalmente, este tipo de práctica supone tomar conciencia, a través de la explicitación, de todos y cada uno de los procesos y estados que se ponen en marcha en cada una de las actividades de enseñanza y aprendizaje (E/A).

Un ejemplo relacionado con el tema que estamos tratando, sería tomar conciencia de que la tecnología no es inocua. Lleva asociada, en palabras de Nicholas Carr (2010), “una ética de consumo”. Es cierto que una misma tecnología es susceptible de ser usada de muy diversas formas, desde las más frecuentes que perpetúan prácticas tradicionales basadas en modelos monológicos, hasta las más innovadoras y transformadoras basadas en modelos de construcción compartida del conocimiento. Ese hecho, sin embargo, no contradice la asunción de que ciertos formatos favorecen ciertos usos. Como señala Joan Ferrés I Prats en su fantástico libro Las Pantallas y el Cerebro Emocional, aquellos que diseñan este tipo de herramientas no tienen en mente precisamente objetivos educativos (2014).

Llegados a este punto, la pregunta que cabe preguntarse es cómo damos la vuelta a la tortilla, pasando de, como tú dices, una revolución tecnológica a una revolución pedagógica. En este sentido, hay infinidad de artículos científicos que analizan los factores que median la integración de las TIC en contextos educativos (Drent & Meelissen, 2008; Prestridge, 2012; Spector, 2010; Tondeur, Kershaw, Vanderlinde & van Braak, 2013), alguno de ellos muy interesante como es el escrito por Mariano Fernández Enguita, de la Universidad Complutense de Madrid, como parte del informe TALIS (2013). Sin entrar a valorar en profundidad ni sistemáticamente cada uno de esos factores y basándome sólo en mi experiencia personal, diré muy resumidamente que lo que hace falta son ejemplos. Ejemplos de que una nueva práctica educativa es posible, ejemplos de qué una nueva práctica educativa es necesaria, ejemplos que animen, que empujen, o como diríamos ahora, que motiven, a otros docentes, a otros equipos directivos, a otros padres y a otras madres, a otros estudiantes, a dar el paso de comprometerse a ver y hacer las cosas de una nueva forma, que el esfuerzo y sacrificio merece la pena. Sólo cuando hayamos alcanzado ese compromiso emocional, sólo entonces, habremos alcanzado la revolución pedagógica.

Espero no haber abusado de tu espacio y confianza, Jose, y aprovecho para darte de nuevo la enhorabuena por esta iniciativa. Si alguien está interesado en estas, u otras referencias, sólo tiene que decírmelo.

Un fuerte abrazo

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5 comments

  1. Verònica

    Des de mi punto de vista (basado en la experiencia en clase) no es en principio fácil dar la vuelta a la tortilla, principalmente porqué a menudo un gran porcentaje del alumnado asocia el estar sentado delante de un computador con tiempo de visualizar imágenes atractivas, vídeos de su interés, distracciones que puede elegir a su antojo. De modo que en vez de ver el computador como “herramienta para”, lo ven como “fuente de distracción propia”.

  2. Carlos A.

    Jose, muchas gracias por el espacio privilegiado. Es un auténtico placer poder participar en esta “reflexión compartida”. Sin ánimo de querer asumir el rol de “moderador”, si te parece voy a responder a los comentarios que hagan referencia al artículo. Gracias Víctor , me imagino que ese ¡Amén! significa que te ha gustado . Jimena, si te parece para no saturar el blog de Jose te dejo mi correo electrónico y nos comunicamos por esa vía. carlos.dealdama@uam.es
    Verónica, estoy absolutamente de acuerdo con lo que dices. “Las TIC en el aula son muy buenas porque motivan y entretienen”. Es una frase que he escuchado cientos de veces, sobre todo a profesores y profesoras. Y razón no les falta. Esa es precisamente “la ética de consumo” de la que habla Nicholas Carr en su libro “¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales” (2010). Las TIC, en general, están diseñadas con esa lógica: sobreabundancia de estimulación (provocando en muchos casos lo que Coll y Monereo llaman “infoxicación”) y consumo frenético de información que acaba generando una auténtica “ecología de la dispersión” (¿Cuántas veces nos descubrimos navegando, por no decir zozobrando, por internet sin poder recordar qué era lo que originalmente andábamos buscando?). A eso me refería cuando hablaba de que la tecnología no es inocua. Es mucho más sencillo hacer un uso superficial de las TIC precisamente porque la velocidad es contraria a la reflexión (proceso que por definición exige, entre otras cosas, tiempo). ¿Significa esto que la tecnología es enemiga de la educación? Ni mucho menos. Sin ánimo de entrar en detalle (para quién le interese profundizar puede revisar el libro de Coll y Monereo “Psicología de la Educación Virtual”, 2008), las TIC son herramientas de representación y comunicación que nos permiten apropiarnos y re-construir la realidad y el conocimiento de formas hasta hace poco desconocidas. Sus posibilidades educativas son innumerables. Pero para que se materialicen exigen conciencia y reflexión (algo que, como ya he dicho antes, no emerge de forma natural en ellas). Y es ahí donde el papel de los diferentes agentes educativos (docentes, padres y madres, equipo directivo, investigadores, inspectores…) cobra especial relevancia. Debemos generar esos espacios de reflexión conjunta, “ceder parte de nuestra conciencia” a nuestros alumnos y alumnas para que ese mismo “instrumento de dispersión” se acabe convirtiendo en “instrumento de reflexión”. Sin duda, no es tarea fácil.
    Un saludo

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