¿Por qué aborrecen el cole los adolescentes? 7 testimonios para repensar nuestra labor docente

Fuente: El País Semanal, versión impresa domingo 10 de junio del 2012

Muchos profesores están quemados y la mayoría de jóvenes viven la escuela como un trámite carente de motivación y sentido. Los alumnos ponen nota de fin de curso a un sistema que ven obsoleto y apuestan por reiventar la educación.

Paula y Cristina Ruiz Fernández Rañada:

14 años. Hermanas mellizas e inseparables amigas. Estudian 3º de la ESO

“Muchos adultos parecen haberse olvidado de que también han sido niños”

“Tenemos una edad curiosa: no somos tan pequeñas como para depender todo el día de nuestros padres, ni tan mayores como para hacer lo que queramos. y de eso se aprovechan los adultos. Por un lado nos dicen que ya somos mayorcitas para volver del cole solas, pero muy niñas para salir de fiesta. Los adultos utilizan la excusa de la edad en función de sus intereses. Creen que siempre tienen la razón. Y que saben lo que necesitamos mejor que nosotras. Da un poco de rabia. Ahora mismo nos recuerdan muy a menudo que nuestra única obligación es ir a la escuela, portarnos bien, estudiar mucho y sacar buenas notas… Cada año que pasa sentimos que nos cuesta un poco más concentrarnos. Todo nos da un poco más de pereza. Pero seguimos estudiando porque nuestra obligación es pasar de curso. Nos da vergüenza suspender. Nos hace sentir tontas y nos juzgamos a nosotras mismas por haberlo hecho mal. En el colegio tocamos temas interesantes y aprendemos muchas cosas. Pero a veces nos preguntamos de qué nos sirve saber lo que es una raíz cuadrada. ¿Acaso no se ha inventado la calculadora? La infancia y la adolescencia es una época para soñar. Para descubrir lo que queremos hacer con nuestra vida. y en esto, el colegio a veces nos ayuda y a veces es un obstáculo. Nos parece muy importante que al convertirte en adulto no te olvides de cómo pensabas cuando eras pequeño. Así no harás con ellos lo que te molestaba que te hicieran cuando eras niño”.

Elena Noëlle:

17 años. Estudia 2º de bachillerato. Si las notas se lo permiten, le gustaría licenciarse en Derecho.

“Siento que me obligan a memorizar cosas que no sirven para nada”

“Recuerdo la época de parvulario y primaria muy familiar. Aprendíamos jugando. A partir de la ESO comenzó la exigencia. Desde ahí, mi estabilidad emocional comenzó a centrarse en las notas. Al entrar en bachillerato parece como si nuestro valor como personas se midiera con la puntuación que sacamos en los exámenes. Desde muy pequeños nos inculcan que lo importante es memorizar, retener y repetir como loros lo que sea. Y que las notas definen nuestra inteligencia y nuestras capacidades. Nos hacen aprender cosas que no nos aportan ni nos interesan. Ir a la escuela es algo muy frustrante. A mí me ha generado mucho estrés y ansiedad. El colegio no me ha enseñado nada útil para afrontar los problemas de la vida. Más bien ha sido la causa de muchos de ellos. Para mí se reduce a gente desmotivada que explica información inútil a gente que le interesa. Últimamente no hablan mucho acerca del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (el TDAH), así como de las pastillas que en teoría lo curan: Concerta, Ritalín, Rubifén… ¡Madre mía! ¡Es increíble! ¡Para no aceptar que el sistema está enfermo, nos hacen creer que los enfermos somos nosotros! Y mientras, las farmacéuticas se forran. La falta de interés de los alumnos se debe a lo profundamente aburridas que son las clases. Y no es tanto por la actitud de los profes, sino por lo que el sistema escolar les obliga a enseñarnos. Lo bueno es que ya sé lo que quiero hacer de mayor: transformar de raíz el sistema educativo”.

Guillem Sánchez:

16 años. Estudia 4º de la ESO. De mayor quiere ser veterinario.

“No nos enseñan a pensar por nosotros mismos; nos dan respuestas prefabricadas

“Me acuerdo que al comenzr el primer trimestre de 1º de la ESO nos juntamos un grupo de chicos y chicas que no nos conocíamos de nada. Al principio, todos nos portábamos bien y tratábamos de sacar buenas notas. A partir del segundo trimestre, la gente vio que podría aprobar sin hacer demasiado esfuerzo y poco a poco la clase se fue relajando. Y al ir congiendo confianza con los profesores, muchos empezaron a hacer el tonto. Y esto se ha venido repitiendo desde entonces. En un grupo de 30 chavales, si cinco no quieren aprender y otros tantos tratan de biocotear al profesor, dificulta mucho que el resto podamos aprender por las dinámicas que se crea en la clase. Los profesores empiezan el primer trimestre contentos, en el segundo se frustran y el tercero van a clase con resignación. Pero no los juzgo. Los comprendo perfectamente. Saben que muy pocos alumnos están verdaderamente interesados en escuchar y aprender. Muchas veces siento que estoy perdiendo el tiempo. Me siento impotente. Por otro laso, me doy cuenta de que la mayoría de los profesores se limitan a darnos las respuestas de los diferentes temas que tratamos. Y nos evalúan basándose en nuestra capacidad para repetir esa misma definición en el examen. Se valora más repetir lo que dice el profesor que tu capacidad para pensar por ti mismo. Si pones algo que has pensado por tu cuenta, te bajan la nota. Tener ideas propias está penalizado. No entiendo cómo esperan que avancemos y evolucionemos como personas”.

Iahel Pierra:

14 años. Estudia 3º de la ESO. Quiere ser empresario.

“¿De qué te sirve sacar excelentes si no te conoces a ti mismo?”

“En el colegio nos enseñan a ser obedientes, correctos y educados. Nos premian cuando nos portamos bien y nos castigan cuando nos portamos mal. Curiosamente, son siempre los adultos quienes determinan lo que está bien y lo que está mal. En el cole también nos preparan para teener un trabajo, de manera que sepamos adaptarnos al sistema. Pero yo me doy cuenta de que el mundo está mal hecho. ¡Está todo patas arriba! Entre tantas cosas materiales nos hemos olvidado de lo más importante. La gente no es feliz. Parece que mi única aspiración sea conseguir un empleo y pasarme el resta de la vida consumiendo. Yo no quiero adaptarme a un mundo enfermo. Me doy cuenta de que el cole es parte del problema. No nos dan herramientas para utilizarlas cuando tenemos problemas, para saber superar obstáculos. No nos ayudan a conocer nuestros talentos. Ni a descubrir lo que nos gusta y nos apasiona, aquello para lo que valemos. No nos enseñan a ser felices de verdad. Me siento muy afortunado por los padres que tengo y la educación que estoy recibiendo. Mis padres siempre me han dicho que cada ser humano viene al mundo con un potencial único, y que nuestra misión es descubrirlo y desarrollarlo. Me han ayudado mucho a creer en mí mismo, a ser responsable de las consecuencias que tienen mis decisiones. Yo quiero conocerme y saber para qué he venido a este mundo. Así podré escoger bien la carrera y trabajar en algo ue no suponga una obligación para mí, sino una forma de vida que me haga feliz. Tengo muchas ganas de ser mayor para hacer algo extraordinario”.

Lía Ribas:

14 años. Estudia 3º de la ESO. Quiere ser periodista. Su principal referente es su madre, Lioba Pellicer, formadora y terapeuta de 37 años.

“Mi madre me está ayudando a desarrollar todo mi potencial”

“En casa, la educación emocional siempre ha estado presente. A veces no valoro la suerte que tego porque para mí es habitual hablar de estos temas con mi madre. Ella es mi referente. La persona a la que más quiero. Le debo mi vida. Y eso que en teoría los médicos le dijeron que noo podía quedarse embarazada. Curiosamente, yo nací el día de su cumpleaños. Mi madre me cuenta que tuvo una infancia y adolescencia muy complicadas. Se sentía sola y muy perdida. Yo no puedo deci lo mismo. Ella está conmigo cuando la necesito. Es una mujer muy sabia. No me dice lo que tengo que hacer sino que me ayuda a pensar por mí misma, a ver lo que me pasa desde otro punto de vista. Entre otras cosas, me ha enseñando que la felicidad está dentro de mí. y que para querer a alguien, primero me he de querer a mí misma. También me ha enseñado que culpar a otros no sirve para nada. Y que lo importante es ser responsable de las consecuencias que tienen tus decisiones y acciones. Pero bueno, también nos enfadamos de vez en cuando. Cuando eso sucede, suelo a ir a mi cuarto. Y un vez que se me pasa la pataleta, escribo en mi libreta por qué me he enfadado y qué tiene que ver conmigo. Haciendo esto me siento mucho mejor. Me gusta mucho escribirle cartas a mi madre explicándole lo que he aprendido. Cuando escribo, me siento de maravilla. El tiempo se me pasa volando. De mayor quiero seguir escribiendo para compartir con otras personas todas las cosas bonitas que han en este mundo“.

Judith Subiras:

17 años. Estudia 2º de Bachillerato. No sabe qué quiere hacer de mayor.

“He decidido que no voy a seguir malgastando mi vida tratando de agradar a los demás”

“A los 11 años quería tener amigas, pero sentía mucho miedo al rechazo y el abandono. A partir de los 13 años empecé a crear una cierta imagen social, creyendo que así podría caer bien a mis compañeros. Sin embargo, con el paso del tiempo, empecé a sentirme muy sola. No sabía cómo liberarme de la necesidad de ser aceptada y querida por la gente que me rodeaba. A los 15 años me obsesioné con la estética y la superficialidad. Fue una época de comparaciones. Empecé a ir con personas a las que consideraba inferiores para sentirme más importante. Sin embargo, seguía sintiéndome triste. Y no encontraba a nadie con quien compartir mi sufrimiento. Empecé a sacar malas notas y al llegar a casa por las tardes, el dolor me salía en forma de agresividad hacia mis padres y hermanos. Toqué fondo con 16 años. Mis padres se divorciaron y no me quedó más remedio que apoyarme en mí misma. Al llegar el verano y terminar el cole, sentí un inmenso alivio. Dejé de sentir la presión por tener que agradar a los demás. Empecé a descubrir quién era realmente y eso me hizo sentir más equilibrada. El sufrimiento me ha llevado a querer cambiar. A conocerme, comprenderme y aceptarme tal como soy. He recuperado la ilusión por vivir. He aprendido que no hay mayor victoria que perder el miedo a ser uno mismo, más allá de lo que otros piensan de ti. Las etiquetas no te las pone la sociedad, sino tú mismo. Yo he sido mi peor enemiga. Ahora me miro en el espejo y me sonrío. Sé que si aprendo a estar a gusto conmigo misma, todo lo demás irá bien”.

Víctor Guillén:

20 años. Estudia hotelería. Quiere ser chef.

“El alcohol, la fiesta y las drogas son el consuelo de quienes se sienten perdidos”

“Para mí, la adolescencia es una etapa donde uno tiene conflictos con todo el mundo. Primero, con los adolescentes de tu colegio, discutiendo por un lugar en la escala de poder existente dentro de la jerarquía del instituto. También el conflicto con los padres. En mi caso, tras la separación, me aferré a la compañía de mi grupo de amigos, con quienes buscaba pasármelo bien por medio de la fiesta, el alcohol y otras drogas. Cada vez es más fácil que los adolescentes se droguen. Y que lo hagan antes y con más frecuencia. Por mi experiencia, uno consume para integrarse en el grupo. Se empieza fumando cigarrillos durante el recreo. Luego pasas al porro y al botellón los fines de semana. Así hasta que el afán de diversión y evasión se convierte en tu rutina. De pronto, lo único que te importa es que llegue el viernes. Todo lo demás ha dejado de tener sentido. Entras en una rueda en la que cada vez necesitas consumir más para escapar del dolor, de la insatisfacción, del vació… Empiezas a descuidar seriamente la salud. Tanto consumo te está consumiendo. Un día ya no puedes más. Dejas de engañarte. Te comprometes contigo mismo. Con resolver el mayor conflicto de tu vida: el que está dentro de ti. Así lo he vivido yo. Jamás le vi sentido a lo que nos obligaban a estudiar en el colegio. Pero ahora tampoco se lo veo en refugiarme en la desinhibición constante. He necesitado pasar por esta etapa oscura de mi vida para conocerme mejor. Ahora ya sé hacia dónde quiero ir. Me siento cada vez con más confianza. Me he reecontrado conmigo mismo”.

Extracto del artículo de El País Semanal domingo 10 de junio del 2012. Páginas 34-42. Autor Borja Vilaseca.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

4 comments

  1. Nuur Berenguer Jimenez

    El ser humano está en esta vida para APRENDER. Conocer la vida; lograr el conocimiento de sí mismo; adquirir conciencia de lo que desea hacer y tener; potenciar los sentidos fisicos con una atención plena en el aquí y ahora; prepararse intelectualmnente en aquello que verdaderamente anhele conocer, no memorizando, sino aprendiendo de si mismo las materias y los temas que se deseen llevar a experiencia de vida. El fracaso escolar no depende ni de horarios, ni de más o menos estudiantes, ni de las materias, ni de horas lectivas, sino de una pedagogía de autoconocimiento y descubrimiento de la materia a investigar o estudiar. Los judios tienen 129 premios Nobel en su comunidad, desde pequeños aprenden intercambiando opiniones de los temas, no memorizando, a lo mejor deberíamos fijarnos en otros modos de enseñanza.

  2. Ping : ¿Por qué aborrecen el cole los adolescentes? 7 testimonios para repensar nuestra labor docente « TIC TAC PATXIGU
  3. Yonathan

    Testimonios contundentes. Una parte de mi pasado se ha visto reflejada en cada historia. Sin duda, sigue siendo urgente repensar la labor docente y, aún más, repensar al sistema. El siglo XXI sigue anclado en el pasado y eso es grave, porque es un síntoma inequívoco del poco avance que hemos logrado como sociedades “civilizadas”. De continuar así, seguiremos tendiendo ciudadanos infelices e incompetentes para aportar al desarrollo humano propio y de sus semejantes.

Escribe un comentario

Puede usar HTML:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>